Cuando no estudio, pienso…
Reflexiones y comentarios de una muchachaYo odio, tú odias, él odia…
Sí, odio y qué. Sé que está mal porque te mata el alma y la envenena, pero ni ahí. Estudiando para un parcial presencial brotó en mí todo lo que me molesta en un grado extremo que me convierto en una Violencia Rivas.
Así que aquí va mi “lista de odio”:
-
Odio a los ingresantes de mi Facultad. A los de primer año y a los de segundo, pero más a los de primero. Llegan todos felices, con ánimo, pensando que la carrera de Letras puede ser tan fácil como Semiología del CBC, que con promedio 7 vas a promocionar y que tendrás vacaciones de invierno y verano. Para ellos todo es posible, todo es pensamiento positivo y siempre te van a decir, aunque no hayas leído nada y estés a menos de 24 hrs. del parcial “Vas a llegar a leer todo, te va a ir re bien” Nooooooooooooooooooo!!!!!!!!! Hijos de la re mil puta, no es así, vas a tener que dar final en todo y joderte en verano, mientras todos van a la playa o al campo por meses y meses, vas a estar en tu casa encerrado preparando finales con casi 40° de calor y con Crónica mostrando a la gente feliz que moja las patas en el agua (Suicííídeeeeeensee)
-
Odio a esa gente que pasó todo el calvario de la carrera y está a punto de graduarse. Son un grupo reducido y cuando uno conoce a alguien así, es como “¡Ohhhhh! eres de verdad, ¿existes?, ¿en serio uno se gradúa de esta carrera?” Y lo peor, es que están tan felices como los ingresantes porque saben que dando dos finales más, donde un final es de una materia pedorra, ¡¡¡¡¡¡¡van a poder estar en el aula 108 recibiendo el diploma!!!!!!, ese papel de morondanga que yo voy a quemar junto con toda la facultad cuando me reciba.
-
Odio que Lingüística haya marcado mi nueva forma de ver a los niños. Antes los miraba como una “cosita linda que hay que querer y cuidar”, ahora sólo pienso en cómo opera en ellos la adquisición del lenguaje que plantea Chomsky y si ellos piensan o con qué lenguaje razonan, porque los bebés deben pensar, ¿no?
-
Odio también a los que tienen pocas horas de cursada en sus facultades y lo máximo que tienen en una materia por semana son 4 horas y pueden hacer 5 por cuatrimestre y graduarse al toque, mientras que yo, sí, YO, me tengo que comer por materia, mínimo, entre 6 horas o 10 horas. Y a pesar de todo, no falta así el pelotudo/a que viene y te pregunta: “¿Sólo estás haciendo tres materias?” ¡¡¡¡Sí la reconch……… de tu madre!!!!!!!, no me da para más la cabeza, no soy superdotada ni tuve la suerte de ir a una privada o ir a la Fac. de Ciencias Económicas donde te ayudan a graduarte para poder ser un engranaje más de esta puta sociedad alienada y ayudar a que siga funcionando!!!!!!!!!!
-
Odio estudiar como lo hacía en Derecho. Odio las materias donde tengo que aprender términos de memoria sin saber de qué mierda estoy hablando. No quiero ser un loro humano.
-
Odio estudiar. Me estresa, me pone mal, saca lo peor de mí y ni me da tiempo para ir al baño, y al final me parezco a las minas que salen en los comerciales de “Activia”.
-
Odio buscar comparaciones y odio darme cuenta de que lo estoy haciendo.
-
Odio ir a comprarme ropa. Me carga ir a probármela. Ojalá supiera corte y confección.
-
Odio que cuando se ve fútbol, estén todos los hombres en el living mirando el partido y todas las mujeres en la cocina charlando. ¡Cortemos con los estereotipos!
-
Odio a las mujeres que siempre quieren que el hombre pague todo y que cuando uno va a comer afuera, siempre pongan la cuenta del lado de él, ¿acaso uno no puede pagar?, ¿me están diciendo que soy una persona a la cual mantener y que mi plata no vale? Basta con eso y que la cuenta se ponga al medio de la mesa.
-
Odio a esa gente (sí Matías, estás incluido) que usa ciertas cursilerías al momento de describir u opinar acerca de la comida: “le da ese saborcito especial”, ¡¡Qué saborcito especial y las pelotas!!, le da sabor y listo, para qué poner palabras estúpidas al momento de decir algo que es concreto y que se percibe con el gusto.
-
Por último, porque no se me ocurre nada más y estoy rescribiendo esto de cuando estaba estudiando hace dos semanas, odio profundamente a mis compañeros que siempre dicen “uy, no estudié nada, me va a ir re mal” y después….¡se sacan 10 los hijos de la re mil putaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Por qué hay gente que en su intento de solidarizar con los más desposeídos de conocimiento, terminan siendo unos forros porque mienten sobre su estado pre-parcial?
Y así finalizo mi cuota de liberación emocional, pues a falta de terapeuta, bueno está el blog.
Danita goes to the gym
Calorías quemadas: bastantes, como 300
Calorías consumidas: el doble de las quemadas
Ambiente: un “campo de concentración” para el cuerpo
Música: electrónica. Me hacía sentir en una rave pero en un estado de lucidez absoluto (aburridoooo!), así que llevaré mi mp3 para escuchar a Calle 13, Blur y Juana Fe.
Gente: alienada
Máquinas: la mayoría avanza hacia ningún lado y otras te hacen abrirte de piernas de una manera jamás imaginada
Hombres: van desde los normales con panza hasta los musculosos grandotes que lo único que hacen es mirarle el traste a las minas
Mujeres: de todos los tamaños y formas, siempre con su botellita de agua y mirando de reojo a la que tiene mejor cuerpo
Olores: por ahora, ninguno molesto
Pensamientos durante la rutina: “¡Cómo me gustaría leer un libro ahora!”, “¿estará mal si me como una hamburguesa?”, “Nunca en mi vida deseé tanto estar en casa estudiando Lingüística”, “Odio a la gente sana”, “¡OMG! está Zulma Lobato en el gym”
Sentimiento después de ir al gimnasio: soy una boluda
Meta a cumplir: hacer lo que hacen los chicos de Ok Go en la caminadora
“Mi novio tiene bíceps, ojo con lo que le dices”
Me declaro sedentaria por un tema obvio, no me gusta correr en una cinta encerrada en cuatro paredes con música electrónica que hasta un punto te llega a alienar, porque no me gusta el ambiente “gimnástico” y tampoco quiero pagar para estar ahí a menos que sea en una clase de box o algo así, las cuales hay pero no en los horarios en que pueda asistir. Sin embargo, hace unos meses atrás aconsejé a Matías de ir al gimnasio pues como es un “oficinista”, sus únicos movimientos se limitan en algunos pocos metros cuadrados y porque casi todo el día está sentado delante de una computadora….aunque yo tampoco soy muy diferente a eso, ya que como “intelectual”, paso sentada la mayor del tiempo cursando la facultad o estudiando, siendo mis únicas corridas las de alcanzar el 160 que siempre se me va cuando estoy cruzando hacia la parada. Además entre hacer el segundo nivel de italiano y el gimnasio, lo primero me importa más. Y si bien hacer ejercicio físico va más allá del cuidado de la apariencia y pasa por un tema de salud, las cosas al parecer se me han ido de las manos. Cuando volví a casa, Matías ya no iba sólo una vez al gimnasio, sino tres veces y había dejado de comer pan, pasando a ser una especie de “hombre-pájaro” porque su dieta, además de un extraño queso insípido en crema eran las semillas, una de ellas la de Chía que, según dicen, sirve para todo. Me sentí extrañada a ver que mi compañero de corazón, ya no lo era de comidas pues ahora es él el que se compra los yogures Ser con cereales sin azúcar y utiliza edulcorante para su café…y de repente, una idea machista pasó por mi cabeza…¿es que se han invertido los roles?, ¿no debería ser yo la que ande consumiendo todo lo que es light y que cuando salimos a cenar, sea yo la que pida el agua saborizada y no la gaseosa que te hincha?, OMG…¿qué ocurrió con el orden cósmico entre mujer y hombre?, ¡¿en qué convertí a Matías?! O tal vez sea algo peor, que me doy cuenta que debería seguir sus pasos y empezar a consumir todo lo que sea 0%, pero como todas las historias tienen un happy ending, Matías cayó de nuevo en la tentación gracias a mí, pues si Adán no se pudo resistir a una manzana, menos lo haría si ésta fuera de caramelo.
Yo voto nulo, ¿y usted?
Me inscribí antes de cumplir los 19 años para votar y no me arrepiento. Estaba saliendo del colegio y tenía muy poca idea de política, democracia y partidos políticos. Un día me tomé el tiempo de leer el “manifiesto” del Partido Humanista y puedo decir que hubo una conexión entre esas palabras y mis ideologías, las cuales se vieron avaladas en algunos discursos del ex candidato humanista a la presidencia, Tomás Hirsch, pero como soy una chilena residente en el extranjero, no tuve la posibilidad de votar en las elecciones presidenciales pasadas y sólo pude apoyar a la distancia a este candidato tratando de convencer a mis cercanos a que lo miraran como opción, pero casi todos votan por el “el mal menor” y a pesar de que se quejan de la situación del país, de la Concertación y de la Alianza, no se atreven a dar su voto a la minoría…aunque después se llenen la boca hablando de Salvador Allende y se juren de izquierda. Sin embargo y para el enojo de muchos por no vivir los 365 días del año en Chile, puedo votar si hay segunda vuelta y voté nulo en la última elección, porque ninguno de los candidatos representaba lo que yo quería para el nuevo dueño temporal de La Moneda. Pero con el paso del tiempo, me he decepcionado de este sistema que llamamos democracia, porque si ésta fuera una mujer, la representaría tirada en una esquina sucia y oscura, ultrajada desde su nacimiento. Votamos porque creemos que ejercemos la democracia, pero para mí los políticos llevan el linaje de las viejas monarquías y sólo avalamos su condición en las cortes del congreso y el gobierno. Por ello, ¿por qué debo seguir dándoles mi voto?, más si son diputados o senadores, pues para lo único que son buenos es para subirse el sueldo y faltar a sus actividades. Admito que me influenció fuerte Rafael Barrett, pero yo creo que es una etapa más de la vida donde todo te puede decepcionar. Obviamente alguno dirá que es una tontera votar nulo, porque lo único que estoy haciendo es permitir que gane justamente el que no quiero o el “menos malo”, pero no creo en esa modalidad de votación porque como emocional que soy, sigo mi ideología y si ésta representa el 2%, será, nunca fui tan masiva. Así que los preocupados por lo de que los chilenos en el extranjero puedan tener alguna vez la oportunidad para votar en las elecciones de Chile, ya tienen un caso menos por el cual molestarse.
Votar no significa democracia. La democracia que nos venden es una farsa. Sea Anarquista (ojalá pacifista) y será feliz.
¿Por qué estudian en el shopping o en McDonald’s?
Desde que estoy en Buenos Aires siempre me ha llamado la atención ver gente estudiando en los shoppings o en este famoso restaurant de fast-food. Yo tengo la idea prefijada de que un estudiante siempre busca un lugar donde pueda estudiar cómodamente, ahuyentado cualquier ruido o movimiento que lo distraiga. Nunca en estos lugares hay poca gente, exceptuando, creo yo, los horarios matutinos, porque después, con las salidas a almorzar de los oficinistas y el bullicio de los escolares de hormonas alocadas, todo se transforma en un mar humano de tempestuosas olas.
¿Cómo pueden concentrarse con el ir y venir de la gente, con el hormigueo incesante que pasa a través de sus ojos y de sus oídos? Puedo suponer que en el fondo de mi ser los admiro por lograr algo que yo no. Si pudiera sentirme cómoda estudiando en un cubo, lo haría, pues soy tan distraída que el vuelo de una mosca puede sacarme de mi lectura y pensar cosas, a veces tan creativas, que cuando se me ocurre escribirlas, ya se han ido de mi cabeza. Sin embargo hay un rasgo en común entre todos esos estudiantes, pues la mayoría pertenece a la Facultad de Ciencias Económicas. ¿Será que lo que tienen que estudiar es tan práctico y de una profundidad media que no necesiten de una biblioteca con una sala silenciosa para poder rendir de manera óptima los parciales?, ¿por qué algunos estudiantes encontramos tan extraño este comportamiento?, ¿estará mal pensar que sólo en casa y en la facultad se puede estudiar y que lugares tan comerciales puedan servir para tan delicada tarea? No lo sé, sin embargo y por la dudas, nunca me sentaré al lado de Ronald McDonald para leer a E. A. Poe.



