Sí. ¿Qué tiene? Tal vez no las odie tan fervorosamente como se puede odiar al brócoli, pero me molestan, me cargan. Siempre tienen que subir cuando está el colectivo megahiperultra lleno y tengo que darles el asiento, ¿por qué? porque soy joven, nada más que por eso, y porque los hombres han perdido la caballerosidad. Sé que estuve sentada entre 4 a 6 horas en la facultad, pero el que se sienta es mi cuerpo, no es mi cerebro y estoy cansada, ¡sí, c-a-n-s-a-d-a!, no tendré que realizar arduas tareas físicas, pero después de salir de clase, especialmente de las 4 horas seguidas de Literatura Alemana, apenas sé quien soy. Entonces, vienen con su enorme panza y su cara de “uy, levantate, ¿no ves que soy una mujer que está esperando un hijo?” , y uno tiene que ceder el asiento conquistado por su trasero, porque si no se hace, te quedan mirando mal. Además la técnica de cerrar los ojos, hacerse la dormida o mirar para otro lado, no me funciona, así que siempre termino, también por culpa de mi conciencia, cediéndole mi trono. Pero…¿por qué? Si tan cansadas están, si tanto arquean la espalda y su cara refleja la dulce-amarga espera, ¿para qué salen? Quédense en la casa, más ahora que está la gripe H1N1, ¡y no me jodan! Pero no es solamente en los transportes en donde me hinchan los ovarios, sino también en el supermercado. Justo cuando hay en este lugar una sobreabundancia de gente y de filas kilométricas, aparecen ellas. Y cuando es mi turno de poner las cosas que compré, se ponen adelante mío y con su cara de “estoy embarazada y esta es MI caja porque dice ‘futura mamá’”, tengo que dejarlas pasar con su carrito lleno hasta el infinito y un montón de cuentas que justo cuando están a punto de vencerse, se les ocurre pagar. Y no puedo dejar de comentarle a Matías que yo también soy futura mamá, porque todas las mujeres somos futuras madres, ahora que si eso se hace realidad o no, es la decisión de cada una. Así que desambigüen esa maldita frase. Entonces me enojo. Sí, me enojo, porque quiero salir del supermercado e irme a casa, pero ella, la de panza curva, la madre, la que tiene que parir, la que cría y todas esas frases cliché, me importan tres carajos. ¿Es que acaso les tengo que agradecer por estar embarazadas?, ¿por qué contribuyen a sobrepoblar el mundo que ya está a full?, ¿o es que acaso creen que su hijo va a ser lo más y vas descubrir la cura del sida o implantará una revolución que cambie a todo el mundo y logremos la igualdad?, ¡No!, si mi generación no ha hecho nada aún, porqué la de ellos sí, pues seguramente van a salir más alienados que los adolescentes de ahora y en sus cabezas van a tener chips en vez de neuronas. Además el mundo se va a acabar por todo el asunto climático, así que perfectamente podríamos considerar a estas mujeres como insensibles, ya que dejaran a sus hijos en un planeta hecho mierda y a su suerte. Por ello dejemos de verlas con ojitos tiernos y mirémoslas como las aprovechadas que son.
La siguiente opinión no representa en su totalidad el pensar ni el sentir de la autora. Solamente es una opinión sarcástica sobre nuestro género con algo de humor, pues ¿quién no ha pensado esto?



