Veo, veo, ¿qué ves?

No sé cuando fue pero de repente me dije que la mirada o mejor dicho la acción de mirar tiene algo sexista. Ok, siglo XXI y hay como igualdad entre géneros, hombre-mujer, etc., pero de todas formar mirar al otro me parece a mí que tiene más poder y tradición en los hombres. No digo que nosotras no miremos, lo hacemos, especialmente con gente de nuestro mismo sexo examinando lo que llevan puesto o como diantres pueden estar tan delgadas si se empoman una Coca-Cola con dos paquetes de papas fritas. Pues en este caso me refiero a cuando las mujeres miran al sexo opuesto y que no es tan evidente como en los hombres.

Si un hombre mira a una mujer no lo hace con “elegancia”, se nota, sí, se nota y mucho, aunque estén hablando con otra persona, sus ojos hacen un escaneo fatal que a veces me parece descarado, ¿acaso piensas que no me di cuenta que tus ojos empezaron en el norte, se pararon en la línea del Ecuador y siguieron hasta el sur non-stop? Lo cual es diferente en las mujeres, si bien nos volteamos a mirar cuando un hombre es lindo-guapo-pintoso-fachero-rico-hermoso, tiene un poco más de gracia y va acompañado con alguna risa o mueca, no ponemos una cara babosa de “vení mamita” o “mijita rica” que es tan desagradable.

Incluso el hecho de piropear tampoco es una práctica común en las mujeres y me parece correcto, tal vez si los hombres escucharan gritarles: “te violoooooooo todoooooooo”, les daría un poco de miedo y saldrían corriendo si tal vez la que lo grita no es de su agrado.

Y volviendo al tema de mirar, decidí empezar a hacerlo más que antes y más focalizadamente. Yo también puedo mirar a un hombre que va delante de mí enfatizando mi mirada en una parte obvia, mirar sus manos, sus dientes, su pelo, sus ojos y que no me importe. Acoso visual podría ser, pero ¿ya no estamos bastante acosadas las mujeres cuando usamos un mínimo escote o una falda corta? Hay que igualar las cosas y bueno, por algo se debe empezar.

Stickers familiares, ¿mensaje oculto?

Hace harto tiempo ya he visto en los autos de Buenos Aires, en su parte trasera, una serie de stickers alusivo a las familias. Cuando les comenté a Matías, Clelia y Mercedes sobre mi simpatía a éstos me dijeron: “Nooo, son re grasa”, lo cual me pareció equivocado, me parecían más que nada tiernos y divertidos. Cuando veía alguno muy extenso, es decir sobre 4 hijos siempre decía: “¿Serán del Opus Dei que tienen tantos hijos?” o un gesto personalizador a quienes le ponían sólo stickers de ellos/ellas solo o con su pareja y/o mascota.

Sin embargo nunca ví alguna calcomanía de alguna pareja homosexual. Obviamente aunque Buenos Aires sea más gay-friendly que Santiago, ¿implícitamente estarán excluidos de usar estas cosas en el auto? Y de ahí pensé que tal vez estos “inocentes” stickers eran un mensaje no verbal pro-familia. ¿Por qué no se podrían usar estas imágenes como postura ideológica y conservadora acerca de la construcción del núcleo de la sociedad? Tal vez muchas personas no piensan esto, pero se podría mirar desde este costado.

Además la mayoría de los diseños sigue el orden patriarcal. Ahora, ¿habrá de madres solteras? Tal vez, pero yo no he visto y eso que he estado muy atenta a estos stickers mientras viajo en auto. Y también refuerzan los estereotipos de cada integrante: el hombre haciendo deportes u otras actividades y las mujeres, en actividades de la cocina, maquillándose o con una bolsa de compras.

A lo mejor ni homosexuales ni padres solos pondrían estos stickers porque ellos rompen la estructura de familia que nosotros conocemos y el uso, bajo un acuerdo implícito social, sólo queda para aquellos que siguen la tradición. O tal vez sólo sea paranoia mía que siempre le estoy viendo el lado B a las cosas. Desde ya lo dejo a sus criterios, pero de que hay una ideología heterosexual respecto a la construcción familiar, la hay.

¿Por qué es mala Baby Shower?

Viernes por la tarde, y después de haber almorzado con Matías a eso de las 16 hrs en un Burger King de Belgrano, decidí que era momento de ver una película en Cuevana. Tenía en mis marcadores varias,  tres recomendadas por Roberto y una francesa que vi en una publicación de Patricia en Facebook. Pero quería ver otra cosa, me picaba el “bichito de la curiosidad”. La picazón era por la película chilena Baby Shower. No es que el cine de terror chileno sea santo de mi devoción porque de terror no tienen nada. No sé si en el cine latinoamericano habrá buenas películas de ese género, pero en el caso de Chile, no, no hay. Las películas no te asustan en lo más mínimo, pero este es mi caso. Con varias películas horroríficas en el cuerpo, no es fácil que me asuste. Sólo tres han calado fondo en mí: La habitación del niño, Rec y Ju on. Las recomiendo a muerte. Pero volviendo a Baby Shower, sabía que no me iba a llevar una buena impresión debido a las críticas del populum que leí, sin embargo, mientras veía la película me pregunté: ¿por qué es mala?

La historia es la de una mina embarazada que descubre que su marido la engaña con una de sus cuatro mejores amigas y que se va ir con ella a las Bahamas. Bien. Empezamos bien, ¿no? La pareja mujer-terror es un buen recurso, víctimas y victimarias, los gritos a lo scream queen, salir en medio de la noche al bosque a buscar ayuda, la embarazada loca, etc. son los ingredientes principales de una película de terror. Los efectos especiales tampoco están malos. El soft gore es apreciable: un cuchillazo en medio de la boca, el corte de un pie que pisa una trampa de animales y el tubo del lapíz bic de la que aspira cocaína embutido en la nariz de la mina, fueron excelentes. Lamentablemente mi queja acá es que creo que exageraron en algunas heridas y en el miembro viril de plástico, muy falso. Si no vas a hacer una imitación buena, enfoca desde otro lado o enfoca solamente la expresión del hombre cuando se lo muerden, no pongas una cosa que parece una tortilla que tiene algo adentro. Y cuidado con zoom extremos a la piel. Cuando le entierran el cuchillo en la yugular a una de las minas, la piel parece masa del pan hallulla. No creo que con todo el maquillaje la mina hubiese tenido tales poros en la piel. A veces es mejor abrir el ojo de la cámara que cerrarlo.

Entonces ya tenemos dos aspectos positivos en esta película, mujeres y buenos efectos especiales. ¿Qué es lo malo?, ¿el cliché de las minas corriendo por el bosque mientras el depredador las persigue, mirar a través de la ventana y decir “¿Quién está afuera?”, la embarazada que busca venganza o el grupo-secta hippiento? Siempre digo: no importa lo que cuentes, sino cómo lo cuentes. No me parece que la película sea pésima. Comparemos. Hace poco vi Suspiria de D. Argento que es de los ’70. La historia es para la risa, una escuela de ballet en Alemania embrujada, donde vive una bruja si no me equivoco griega, que se alimenta de sacrificios, que son las jóvenes bailarinas. ¿Novedoso?, no, pero, y ahí está la diferencia, es cómo está narrada la historia. Obviamente hay que ponerse en el lugar del espectador de esa época, pero los escenarios son geniales. La saturación de los colores, los movimientos rápidos de cámara, la música, el uso de elementos realmente asqueantes como millones de gusanos cayendo del techo y las muertes de las jóvenes son lo que la hacen ser una buena película. Dos escenas de esta película me marcaron: el cuchillo que se entierra en un corazón latiendo y el de una mina, que creyendo escapar por una ventana, se cae a una habitación llena de alambres de púa.

No creo por ello que Baby Shower sea mala, sino que no logra ser un clásico de terror. Tal vez sea mala porque parece muy común o muy de afuera. Si bien el uso de una secta como motor de la historia de venganza de impulso, no logra satisfacer el apetito de los espectadores. Sé que es difícil hacer una película que asuste o que te deje plop!, pero ¿no habrá que buscar en nuestras raíces? Con esto me refiero a que en vez de seguir haciendo género slasher o derivados o parecidos, se podría buscar en las leyendas latinoamericanas y de ahí sacar una historia o leyendas urbanas. En el campo hay mucha tradición oral y tal vez deberíamos seguir al cine japonés, que asusta porque toma elementos de la religión o de mitos que realmente te llegan. No es necesario que haya tanto diálogo, los sonidos y la manera de filmar son esenciales para captar la atención y alterarla. Hay que encerrarse a ver cine de terror oriental y traer esa esencia a occidente, especialmente a latinoamérica, donde el más allá siempre está presente.

No hay tiempo

Siempre pienso esto, que no tengo todo el tiempo para agradecer lo que tengo. Sé que la naturaleza propia del ser humano es siempre estar inconforme, y que si se encauza bien este aburrimiento, pueden surgir cosas tan maravillosas como la Venus de Botticelli o las revoluciones que han marcado nuestra historia.

Si quiero agradecer, no digo tanto por las cosas materiales que se compran o que han llegado a mí a través de regalos, sino más bien de cosas que a veces uno no le presta tanta atención. La posibilidad de valerme por mí misma, de tener mis dos piernas para correr y saltar, de poder ver y escribir, son cosas realmente maravillosas que no apreciamos. Cuando veo a gente que tiene problemas físicos, me doy cuenta de lo afortunada que soy y que si bien no tengo las mejores piernas, muchas personas darían lo que fuera para volver a caminar. Además siendo este mundo tan discriminador, es lamentable como se deja afuera a todas estar personas que tienen limitaciones para desplazarse.

Por eso hay que andar con el mp3 de la Violeta todo el tiempo. Aprovechar los viajes en el colectivo para mirar todo y ser como una cámara, sacarle foto a todo, oler todo, tocar todo y caminarlo todo y estar agradecido siempre de todo, porque a veces la fortuna que nos toca, no la sabemos valorar.

Mamá a los 15 – Programa de TVN: ¿Una celebración del embarazo adolescente?

Aunque en este momento esté pasando por un odioso cuadro de moco y tos, aprovecharé mi “licencia estudiantil” y me dedicaré a este temita, de una manera relajada, que me venía dando vuelta la cabeza.

Cuando supe que TVN iba a dar un programa sobre el embarazo en chicas adolescentes, me gustó la idea porque yo sigo 16 & Pregnant de MTV que trata sobre la misma temática. ¿Por qué me gustó? porque entre las familias norteamericanas y las latinas, en este caso, chilena, hay un abismo de diferencias. En las primeras las familias están más apartadas, como si no se colaran en la foto y obviamente su estilo de vida es totalmente distinto: no tienen donde vivir ni trabajo, pero aún así conservan su auto. Mientras que en Chile las familias siempre están ahí, apoyando a la chica embarazada (en algunos casos) y “odiando” al que la dejó en ese estado pidiéndole que se ponga los pantalones porque pronto será papá.

Los primeros capítulos los vi sin ningún asombro, sólo pensando en cómo las chicas, si tenían bien claro como cuidarse, no lo pusieron en práctica. Siglo XXI, Siglo XXI pero no pasa nada a nivel hormonal en los adolescentes. Después revisé comentarios acerca de este programa y uno me llamó la atención pues lo criticaba, diciendo que casi era una alegoría al embarazo, que mostraban todo de manera tan “linda” que no podía esperarse que las adolescentes sacaran una buena moraleja, pero, ¿tiene este programa ese fin, el de educar o es sólo una vitrina para que nosotros podamos espiar lo que sucede en un sector de nuestra sociedad? No creo que sea lo primero, no creo que el fin del “docu-reality” sea decir: “¡Miren! esto es lo que pasa por no usar métodos anticonceptivos!” Además muchos de los otros comentarios eran de mujeres que pudieron salir adelante quedando embarazadas en la adolescencia, entonces el mensaje se bifurca, porque por una parte se puede pensar que el programa tiene un fin preventivo mientras que algunos televidentes concluyen: “igual se puede vivir bien y cumplir las metas que uno se propone a pesar de tener un hijo tan joven”. Prevención y esperanza, no me quedo con ninguna porque es opción de cada quién.

A diferencia de 16 & Pregnant, Mamá a los 15 parece un poco más suavizado. El apoyo de las familias hace parecer que el panorama de las adolescentes chilenas embarazadas es mejor que las de Estados Unidos. Obviamente sé que hay casos peores en mi país, chicas que son echadas a la calle por sus padres, abandonadas por el padre de su hijo, etc., pero específicamente acá hablo de lo que he podido ver y es verdad, pareciera que las chicas de 15 no se les presentan tantos obstáculos como para poder terminar sus estudios secundarios que es el mayor problema de toda mamá adolescente.

Y en este programa chileno hubo un caso que me llamó la atención y que abrió debate con Matías. Una chica había decidido quedar embarazada a sus 15 años, tanto porque quería como para no ser separada de su pareja. La primera reacción que uno puede imaginar al ver está razón es que “está mal”, “está loca”, “¿cómo la dejaron hacer eso?” pero, ¿por qué está mal?, ¿por qué está mal embarazarse a esa edad? A nivel corporal no sé si están tan preparadas como una mujer de 25 para embarazarse pero no hace mucho, las mujeres a esa edad se casaban y tenían hijos. Ahora la sociedad cambió, y si uno tiene un hijo muy joven es mal vista ya que ahora la mujer tiene que educarse y después pegarle un telefonazo a la cigüeña, y eso, me cae mal. Sí, me cae mal que siempre la mujer haya estado supeditada a hacer su vida a raíz de lo que se dictaba en la vida social. Claro, antes imposible que una mujer dijera que primero quería ir a la universidad para después plantearse el formar familia, ahora, al revés, es totalmente loco que una mina quiera ser mamá primero y ser profesional después. Y otro caso es el de las mujeres que no quieren tener hijos, ¡peor!, son inhumanas y miradas con recelo. Y volviendo al tema del principio, ¿por qué está mal que una chica de 15 o 16 años quiera quedar embarazada si es lo que quiere hacer?, ¿hay una edad para quedar embarazada ahora? Porque si yo quiero tener hijos sobre los 30 años soy muy grande y entonces no, porque está el razonamiento, absurdo para mí, válido para otros: “es que voy a hacer muy vieja y no podré conversar con mi hijo/a” y entonces si quiero tener hijos a los 15, es que soy muy joven y me voy a perder etapas de mi vida. Por eso repito, ¿a qué edad supuestamente me tengo que embarazar?, ¿qué me dice el público masculino que siempre anda poniendo leyes sobre el cuerpo de las mujeres y su manejo? Si me quiero embarazar a los 15, 30, 45 años, es mi problema, ¿no?, yo soy la que va a estar 9 meses con una enorme panza, yo voy a ser la que tenga que amamantar a mi hijo, yo voy a ser la que tenga que criarlo y no ustedes. Si una chica adolescente con toda su cordura, quiere tener un hijo porque sabe que lo quiere, porque sabe lo que le va a pasar, porque sabe que tiene la entereza y la fuerza para salir adelante como otras mujeres, ¿por qué no? Si esa chica mostró mucha más valentía que una mina de 20 años o más que prefiere dejar a su hijo tirado en un baño que ponerle el pecho a la situación. Ok, también se puede decir que lo hizo por capricho pero por lo menos siguió adelante y no se arrepintió. Es obvio que el camino de una adolescente con un hijo en su regazo va a ser millones de veces más difícil que cualquier otra chica, pero no imposible. Y por suerte, gracias a Dios, la vida es de cada uno y si no le molesta al otro lo que hago, vaya y pase. Prefiero una mamá de 15 años que quiera y se preocupe por su hijo, que una de 35 que se lo deja encargado a la nana.

Quiero dejar en claro que no celebro el embarazo adolescente, me parece que en muchos casos los chicos no están preparados para asumir tamaña tarea pero no podemos poner a todos en el mismo saco. La madurez no es corporal, no por tener 30 años una mujer va a ser mucho más madura que una de 15, todo depende del contexto en que nos encontremos. La idea del programa Mamá a los 15 no es mala, pero enfocaría más al problema de la educación sexual en Chile y de que los chicos evitan cuidarse sabiendo todas las consecuencias que derivan de un acto sexual sin protección, donde el embarazo, dentro de todas las enfermedades de transmisión sexual, es lo mejor que les puede pasar.

Quiero ser Gamer

Lamentablemente hasta ahora puedo calificarme como una “wannabe” ya que nunca le he dedicado el tiempo suficiente a internarme en el mundo joystickero ni he organizado un “Halo Night”. Que a una niña le gusten los videojuegos no es gran cosa si estás rodeado de mujeres con esa afición pero de todas formas los hombres no dejan de asombrarse si uno los invita a jugarse un PES, ¡incluso unos vendedores de videojuegos se babearon todo porque una mina compró la Rock Band!, o sea, la-Rock-Band que es el juego más “apto para todos” que pueda existir.

Los típicos juegos pa’ minas me cargan (exceptuando Just Dance 2), son una gilada con una G en mayúscula y fluorescente. Onda, ¿cómo te vas a comprar el juego de Kirby?, ¿me estás jodiendo o qué?, ¡qué pelotudez más grande! Muchas novias de señores dueños de Wii se compran esa cosa y ellos lo celebran porque por fin pueden compartir alguna actividad en conjunto, algo es algo, ¿no? Y acá sé que viene lo peor, porque muchos son amantes del bigotudo, pero ¿por qué todos aman tanto los juegos de Mario?, intenté jugar Super Mario Galaxy y es taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnnnnnnnn aburrido, tan pajero, tan lineal, que ahí lo dejé. Parece juego para niños en etapa de jardín de infantes o máximo hasta kinder. Loco, si tengo una buena consola no voy a andar atrapando estrellas y comiendo hongos (?) encima de un dinosaurio-lagartija verde, pues para eso me pego un viaje por mi misma y te conquisto todas las galaxias de una.

Entonces hay que ir a los juegos de verdad, a esos para gente con huevos/ovarios y que quiere pasar un buen rato. Lo voy a admitir, el PES mucho no me gustaba. Había jugado hace un tiempo Winning Eleven y como no pude entender todos los movimientos, me la pasaba haciendo faltas y nunca metiendo la pelota en el arco. Ahora con la Wii es distinto. Me comí casi todo el aburrido tutorial, y aunque todavía no logro hacer “la pared”, le he ganado casi todos los partidos a Matías. Hago buenos pases (european style), buenos centros y buenas patadas (que llevan a tarjetas amarillas) al momento de quitar el balón. Mi mejor perfomance fue con la Selección Chilena jugando con Sánchez, Isla y Valvidia…nunca olvidaré esos 4 goles que una vez logré.

Ahora, esa fue mi incursión reciente al mundo futbolístico, pero los juegos que siempre me han llamado la atención son los de acción (entiéndase por esta palabra “juegos donde hay que matar, violar las leyes y quemar etapas). Si bien era megafan de Tomb Raider para PC, muchas veces hice trampa para poder pasar los niveles, ¡y para qué decir en Alone in the Dark! Cuando llegué a una biblioteca circular juré que había entrado en un libro de Borges y ahí neuronalmente morí. Entonces empecé a jugar Resident Evil y encontré mi alma gemela en pixeles. Humanos infectados + pistolas chéveres + sangre y sin tener que pensar, sólo actuar = el cielo para mis manos joystickeras. Yo hacía el trabajo sucio, Matías me ayudaba a encontrar las cosas necesarias para avanzar y así hacíamos buena dupla. Ahora ya no tanto porque en la Wii siempre tengo que andar salvándolo y consigo mejores puntajes.

Después intenté jugar Silent Hill en Playstation pero no me enganché porque era una onda Alone in the Dark y yo sólo quería disparar. Por culpa de estos jueguitos me he visto las adaptaciones que se han hecho para el cine y soy fan de Milla Jovovich en su papel de Alice. Debo decir que las películas de Resident Evil siguen más fielmente las historias del juego, porque las de Tomb Raider me decepcionaron mal.

Pero si bien había encontrado mi paraíso en cuanto a juegos, The House of Dead: Overkill concentra todo lo que quiero : zombies y disparos. Todavía no lo tengo, pero he jugado otras versiones y es la sensación de nubes en el cielo que se abren, un haz de luz aparece y un coro de ángeles comienza a cantar. ¿Quién se puede negar a jugar a matar zombies tratando de reventarles la cabeza? Ah sí, a las niñitas que les gusta jugar con Kirby. Así que Kirby: GTFO!!

Y entonces, en conclusión, sólo puedo decir:  “give me zombies, shotguns and blood and I will be happy”

¿Por qué no?

La semana pasada en una de las clases sobre Lit. Infantil y Juvenil, la profesora nos mostró el libro-álbum llamado Titiritesa* que tiene por argumento la historia de una princesa que salva a la otra y al final, las dos contraen matrimonio. La historia tiene como estructura la del típico cuento del príncipe azul que va en busca de su princesa y la salva de las temibles garras de algún ogro, pero esta vez teniendo como protagonistas a dos niñas que sientenun airecillo juguetón que les hizo cosquillas en el pensamiento”(elemento erótico a full y queda en la mente del lector la interpretación de “cosquillas” y “pensamiento”), que se besan y que además contemplan la luna como tortilla…¿más evidente no pudieron ser los autores? A fin de cuentas el libro está tratando un tema que está más en boga que cuando yo era pequeña (nací en los ’80) y es la de la homosexualidad, en este caso femenina. En sí la historia no me parece buena, ni como está narrada, fue como un…”ah!, ok”, las ilustraciones están mejores pero al terminar de leer ese libro, lo primero que pensé fue: “Si yo a los chicos de kinder o pre-kinder les doy este libro para leer o se los leo, ¿qué quilombo me harían los padres?” Sí, porque por más que mi generación sea un poco más open mind y la cuestión, estoy segura de que no faltaría el padre que se quejaría de mí ante la directora. Increíblemente sólo después me surgió la duda de la reacción de los niños ante ese cuento y por lo que escuché, los chicos sólo se limitaron a reír porque la situación de dos niñas que se besan y se casan, les parece gracioso.


Entonces no es que el problema esté en que los niños lean ese libro que trata sobre lesbianismo sino que pondría a los padres en una situación incómoda, debido a las consecuencias de esa lectura que se concretan en las preguntas temidas por todo padre primerizo que no es psicólogo ni educador. Si bien no me es ajeno ese “temor” porque imagino la situación, no sé porqué y no es que me haga la “liberal”, no tendría problema de explicarle a mi hijo o hija esta segunda sexualidad o más suave, este segundo gusto que pueden sentir los seres humanos o lo que se le venga a la cabeza, tal vez ni siquiera pregunte sobre si le pueden gustar las niñas o si a los niños le pueden gustar los de su mismo sexo, pues todo esto, todo este miedo de adultos se funda en nuestra percepción y nuestros prejuicios, porque seamos sinceros, TODOS tenemos prejuicios, por eso constantemente estamos poniendo trabas sobre lo que un chico debe conocer o no en su dulce infancia.


Lo cual nos trae otro problema, ¿es apto que un chico lea sobre homosexualidad o situación de los chicos de la calle? Si nos ponemos, como dice Gabriela Montes en El corral de la infancia, en la postura de proteger al niño, muchos cuentos que consideramos tradicionales estarían vetados. ¿Hay una necesidad de ser los coladores de la información? No es que esté en contra de mantener cuidado al chico sobre lo que oye, ve y lee, es obvio que a un chico de cinco años no le pondría el Canal Playboy ni que viera cine Gore, pero, por poner un ejemplo clásico, ¿no es la Caperucita Roja un cuento sangriento? Y que me dicen de la siguiente imagen, de la siguiente ilustración de este famoso cuento, ¿es apta para los chicos? Porque tiene muchas lecturas que darían para censurarla.


¿O no son los cuentos de hadas demasiado irreales que pueden incluso alterar la psique de los niños y llevarlos a creer cosas que no son? Todo entonces devela que es mejor que lean nada antes que crean en el País de Nunca Jamás o que vean la historia de dos princesas que se casan.  Y ahí creo que está el error, que nosotros miramos con ojos de adultos los cuentos y creemos que los chicos harán nuestras mismas deducciones y no es así, debemos saber que su mundo tiene una construcción distinta y perciben ciertos temas sociales de otra forma. Así que dejemos de ver a los chicos como criaturitas a las cuales debemos guiar, conservar y proteger en un corral de oro, y dejemos que pregunten, vean, se caigan y aprendan a vivir en este mundo que constantemente se va redefiniendo.

PD: A modo de descarga autoral, CÓMO ODIABA LOS LIBROS DE ELIGE TU PROPIA AVENTURA!!!, me traumaban cada vez que elegía mal y mataba al personaje, ME HACÍAN FRUSTRARME Y TENER CULPA por no haber elegido adecuadamente. Malditos autores y DISNEY TAMBIÉN, que me diste una versión distinta sobre los cuentos de Perrault porque cuando era muy niña me regalaron una edición de los cuentos de ese autor con las ilustraciones de Dorè y CAÍ EN UNA INCERTIDUMBRE TOTAL, ¿por qué habían dos versiones distintas, quién me mentía? Snif, snif.

 

*Xerardo Quintiá & Maurizio A. C. Quarello, Cuento infantil para niños de 3 ,4 y 5 años.

**Primera y segunda imagen parte del cuento Titiritesa

***Tercera imagen: Diccionario Macabro de Edward Gorey

****Cuarta imagen: Caperucita Roja de Gustave Doré

Sin rumbo

 

Pocas veces, porque soy de lecturas bien tradicionalistas o más bien arraigadas al suelo latinoamericano, he tenido la oportunidad de leer libros maravillosos, fantásticos o de ciencia ficción. Si no hubiese sido porque cursé un Seminario sobre Lit. Japonesa, tal vez Murakami nunca hubiese llegado a mis ojos porque como siempre digo: “hay muchos autores importantes para leer en mi lista de espera”, así que obligada, porque tengo que hacer una monografía para ese seminario empecé a tantear ciertos autores japoneses hasta que me decidí por este. A mi me gusta, me tira la literatura del siglo XIX más si es de América Latina, pero lo contemporáneo también me llama la atención y si bien After Dark (también de Murakami) tiene sus críticas negativas, me encantó la narración-guión-de-cine que posee. Todo lo que tenga que ver con cine + literatura me encanta, aunque sea una ignorante cinematográfica, la combinación de esas dos artes me pueden.

Pero volviendo a EFDM Y UDPDLM, puedo decir que este libro me volvió loca en todo sentido. Sé que tal vez no tenga los excelentes procesos literarios de otros autores u otras cosas así (lo cual no me interesa en una primera lectura, porque lo leo como una lectora común que al final dice: “¡¡¡es genial!!!” y nada más), pero la manera en que todo avanza (porque esa es una de mis dudas, ¿hay avance en el relato o es sólo una flecha detenida o como dice la bibliotecaria, personaje de este libro, sólo nos limitamos a volver al mismo punto, siendo nuestra vida un constante volver?), los sucesos referidos a una guerra de la información, el Sistema, los semióticos (que a mi me parecen que son los buenos pero no es tan así), los tinieblos, la manipulación del cerebro humano, es como ¡GUAU!, me re flasheó este libro.

Lo que me complica es hacer un trabajo sobre él. Voy por mi segunda lectura ahora dividida entre los dos mundos. Ya leí el despiadado, ahora sigo con el del fin. No se me ocurre qué hacer, incluso pensé en recurrir a Peter Pan o Alicia en el País de las Maravillas para encontrar alguna guía, porque estoy sin rumbo. He divagado que las dos partes del libro corresponden a cada uno de los hemisferios del cerebro, que en sí, el libro material es el shuffling en proceso y que uno al leerlo, lo codifica. Pero, ¿qué se da primero?, ¿qué se da último?, ¿hay una temporalidad en el relato?, ni siquiera hay nombres, ningún personaje tiene nombre.  Entonces colapso. Espero que después de volver del Fin del Mundo, tenga algo para decir porque lo necesito a nivel de facultad y porque todos los días me despierto con la misma pregunta:” ¿qué mierda me está queriendo decir este libro?

Paso, trote, galope

No hace mucho descubrí que lo que más me puede hacer feliz es andar a caballo. No digo a la manera de paseo donde van todos los caballos al mismo ritmo, uno tras otro siguiendo un camino definido, sino más bien el tener la oportunidad de creerme jinete y poder pasar por los tres aires.

Antes era una miedosa, era de las que iba solamente al paso hasta que me animé y empecé a andar un poco más en serio, en tercera si lo podemos asimilar a un auto….¡y es lo más! La mejor experiencia fue en Futrono, con caballos que realmente estaban acostumbrados a que los saquen a correr, donde tuvimos que ir en ascenso por los cerros e incluso dar pequeños saltos. Ahí fue que “aprendí” a tener un poco de control sobre este animal. Ya después en Buenos Aires, fue una búsqueda constante sobre lugares para ir a cabalgar (siempre preguntando si podíamos hacerlos correr) pudimos encontrar una estancia, cerquita de San Antonio de Areco, donde se nos daba la posibilidad de ir afuera de la estancia.

Al primer caballo que me acerqué, fue a Paloma, una yegua blanca preciosa. Quise ir con ella a la cabalgata, al paso. Elías, uno de los gauchos, me dijo que al frenarla no lo hiciera muy fuerte porque ella tendía a pararse en dos patas. Ahí toda la bravura, valentía y cancherismo sobre jinetear descendió a nivel 0. Lo bueno es que le gustaba ser la líder del grupo así que la pude hacer trotar un poco, y para cuando Elías me comenta que además de tener un genio jodido la Paloma, también está preñada, yo me quería bajar. Cabalgar sobre una yegua preñada no me da mucha seguridad porque Matías tuvo una mala experiencia y no quería que esta Paloma se me parara en dos patas y me tirara al piso. Sin embargo mi miedo era golpearla muy fuerte y que le doliera, menos mal que sólo tenía los estribos para ello y trataba más que nada de mover el cuerpo para indicarle que avanzara más rápido. Sólo al final esta Paloma se me “desbocó”. Como ya estabámos pronto a llegar al final del paseo, ésta comenzó a trotar tan rápido que no podía frenarla, o no me animaba a hacerlo fuertemente. Menos mal que mantuve la sangre fría y tratando que girase, pude hacer que se tranquilizara.

Después vino lo serio. Cambié de yegua, me fui con Tostada y Matías se quedó con Paloma. La nueva, que resultó ser una de las más viejas, era de trote/galope y pararse a comer en las orillas del camino. Eso hizo que quedase atrás del grupo así que tuvieron que buscarme y tironearla un poco para que no siga mal acostumbrada. Con Tostada sufrí un montón el trote porque aún no puedo suavizar los golpes, sólo al final, tirando el cuerpo un poquito para atrás pude lograr que mis asentaderas no sufrieran tanto. Ahora ya sé que me tengo que parar un poco en los estribos y ansío ponerlo en práctica. Sin embargo las veces que pude galopar con Tostada fue lo que más adoré, porque además de ser un aire mucho más cómodo para el jinete, la sensación de ir rápido y sentirse casi una experta, es lo “más mejor”.

Ahora mi meta es, cada vez que pueda, ir a andar un poco sobre estos hermosos animales y adquirir más experiencia, para que en un tiempito más, pueda realizar el cruce de los Andes a caballo, desde el Cajón del Maipo (Chile) hasta el sur de Mendoza (Argentina) y poder galopar libre allá en la altura.

Hija de un país inventado

Sólo cuando comencé a compartir mi idea de que soy hija de una país inventado, me di cuenta  que “país inventado”, era una frase que algunos les chocaba. Pienso esto en base a un  razonamiento súper básico, de esos que se te ocurren cuando estás leyendo y no tengo mucha teoría atrás que le sirva de colchón. No se me ocurrió en septiembre, así que no fue en los albores de las fiestas patrias. Tan maquiavélica no soy. Digo “inventado” porque antes de su consagración y delimitación geográfico-administrativa, nuestro país estaba en manos de España y no existía lo que hoy llamamos identidad nacional, porque ni “identidad” ni “nación” estaban en el léxico de la colonia. Después de todo el proceso independentista, que en el colegio nos los cuentan como si fuese un cuento de hadas, recién empezamos a llamarnos chilenos, con todos los problemas que conlleva el llamarse “chilenos” más si lo vinculamos a cuestiones de raza, tema muy aludido en el siglo XIX y principios del XX.

Así, quedándonos huérfanos de madre, se tuvo que empezar a crear este país. De ahí viene “inventado”. Colores patrios, flor nacional, himno que exalte las glorias naturales y de la raza chilena, baile nacional, lenguaje, costumbres, comidas, etc., todo fue creado en algunos casos o resultó ser una mezcla indoespañola. Obviamente me dijeron “pero todo país es inventado”, sí, es cierto, pero cuando en Europa comenzó la época romántica, ellos miraban hacia su pasado y tenían historia, folkclore, que volvieron a reivindicar, ¿y en nuestro caso? Se miraba para atrás y estaba España, más atrás los Incas o los pueblos originarios, lo cual en ese entonces equivalía a nada. Sólo Brasil tomó al indio como emblema y origen de la nación libre (idealizado eso sí, pero algo es algo), pero nosotros no, pues acá, más tarde que temprano, se trataba de adaptar toda la movida romántica que llegaba en los barcos.

Por eso digo que soy hija de un país inventado y no debe tomarse como en forma negativa, ni como atentado a estas fiestas patrias que se celebrarán este fin de semana. Tengo mis cuestionamientos a todo el tema del Bicentenario, pero como leí por ahí en un comentario realizado en Facebook, no voy a tener pena ni voy a criticar a los que celebran los 200 años del nacimiento de Chile. ¿Ven?, si es como un niño al cual se lo fue moldeando hasta ahora que ya es un adulto y que me tiene a mí,  como una de sus hijas.

Felices Fiestas Patrias a todos mis compatriotas  y que Chile sea algún día, esa copia feliz del Edén.

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