Doscientos años son nada: Recabarren y Barrett

Hace un tiempo atrás, no muy lejano eso sí, sentía un poco de pena al no poder celebrar el Bicentenario en mi país natal. Aún andaba con la venda semipuesta a pesar de llevar tiempo estudiando lo que estudio. Sin embargo, en una materia de la facultad y hablando con una amiga historiadora, mi cabeza hizo un cortocircuito, ¿bicentenarios?, ¿celebrar qué? Fue una vergüenza sentir que había caído en la trampa publicitaria del gobierno con esta celebración y que aún me creía la historia que se enseña en el colegio, pero por suerte hubo una luz que me salvó de la ignorancia y el conformismo.

Ok, está bien. Progresos ha habido en los países, no estamos como en 1810 ni en 1910, pero el paisaje se sigue pintando con los mismos pinceles y colores. En el texto de Luis E. Recabarren “Ricos y Pobres”, se hace énfasis a que el progreso del cual todos hablan en el centenario no ha llegado a la realidad social: “La última clase de la sociedad, aumentada enormemente por la ley ineludible del desarrollo de la población, no ha experimentado ni siquiera el más insignificante progreso económico. ¡Vive al día … ! Vive con el fruto escaso de su trabajo diario. Su educación económica es hoy como cien años atrás. ¡TAN DEFICIENTE! que no le ayuda en nada a bien vivir. El salario que gana esta parte de la sociedad es tan pequeño que no alcanza a costear la conservación de sus fuerzas productivas.” (Recabarren, 1910).

También en el texto de Recabarren se alude a un tema que ahora está haciendo noticia en la sociedad, ¿qué hacer con los menores y mayores de edad que cometen delitos? Todos sabemos, pero sólo algunos concientemente que las cárceles no son la solución, sin embargo en el último debate presidencial de Chile, de los cuatro candidatos presentes, tres de ellos (Concertación y Alianza) proponían construir más cárceles y endurecer las leyes, mientras que el Humanista, atacaba el problema central de toda la delincuencia: la familia. Recabarren también se pronuncia sobre este tema y otra vez hay similitudes con esta época: “Yo creo que la prisión no es un sistema penal digno del hombre y propio para regenerarle. Hoy que se habla tanto de progresos y que se celebra como un gran acontecimiento el haber llegado a los cien años de vida libre, yo me pregunto, ¿ha progresado en la República el sistema penal? ¿Ha disminuido el número de delincuentes? ¿Cuántas cárceles se han cerrado a impulsos de la educación? ¿Ha mejorado o progresado siquiera la condición moral del personal carcelario o judicial que podría influir en la regeneración de los reos? Ninguna respuesta satisfactoria podría obtener. ……¿Veremos mejorarse el sistema carcelario y judicial ,en el sentido de producir una disminución en la delincuencia, por la, acción moral más que por la acción penal? El porvenir lo dirá.” (Recabarren, 1910) Y ya la respuesta ha sido dada por el porvenir, todo sigue en aumento, progreso y delincuencia.

Entonces, ¿qué celebramos? Será una pequeña lista de avances sociales, tecnológicos y económicos, o tal vez ésta podría tomarse como un recurso necesario para los países latinoamericanos para afianzar el sentimiento de identidad, porque para eso nos hacen repetir una y otra vez el himno en el colegio, conocer bien nuestros emblemas patrios junto con una “historia oficial” para que sepamos la identidad que une a la gente que vive en un mismo espacio geográfico. Sin embargo, y lamento si sueno pesimista-crítica, también me he cuestionado esta cosa de la celebración de la independencia, más después de haber leído a John Lynch, porque no fue como la me contó mi profesor de historia ni mi libro Santillana, pues los “grandes próceres”¿pensaron alguna vez en la libertad del pueblo? Los que buscaron la nacionalidad propia, los que quisieron independizarse de la monarquía buscaban para sí esa independencia, no la buscaron para el pueblo….¡Celebrar la emancipación política del pueblo! Yo considero un sarcasmo esta expresión. Es quizás una burla irónica. Es algo así como cuando nuestros burguesitos exclaman: El soberano pueblo…! cuando ven a hombres que visten andrajos, poncho y chupalla.” (Recabarren, 1910). Liberados económicamente es lo que se quería en el siglo XIX y nada más, pues la situación del pueblo siguió siendo la misma y hasta ahora continúa el problema de los indígenas con la tierra. Por eso, y siguiendo a Recabarren, que los que han y hemos tenido la suerte de aprovechar el progreso del país, sólo ellos, tienen toda la garantía de poder celebrar estos 200 años de cambios, pero tal como pasaba en 1910, habrá un grupo marginado de las luces de los fuegos artificiales, iguales a los que Rafael Barrett en “Buenos Aires” describe: “Chiquillos extenuados, descalzos, medio desnudos, con el hambre y la ciencia de la vida retratados en sus rostros graves, corren sin alientos, cargados de Prensas, corren, débiles bestias espoleadas, a distribuir por la ciudad del egoísmo la palabra hipócrita de la democracia y del progreso, alimentada con anuncios de rematadores…..Los mendigos espantan a las ratas y hozan en los montones de inmundicias. Una población harapienta surge del abismo, y vaga y roe al pie de los palacios unidos los unos a los otros en la larga perspectiva, gigantescos, mudos, cerrados de arriba abajo, inatacables, inaccesibles.”

Cambios hay pero a nivel de políticas sociales seguimos atascados en el 1910, sin embargo ¡celebremos doscientos años! que es mejor apegarse a las luces de colores que a la realidad que nos vuelve de los antiguos conventillos.

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