17 abr 2012
by Daniela Puig
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Etiquetas: hombre, mirar, mujer
No sé cuando fue pero de repente me dije que la mirada o mejor dicho la acción de mirar tiene algo sexista. Ok, siglo XXI y hay como igualdad entre géneros, hombre-mujer, etc., pero de todas formar mirar al otro me parece a mí que tiene más poder y tradición en los hombres. No digo que nosotras no miremos, lo hacemos, especialmente con gente de nuestro mismo sexo examinando lo que llevan puesto o como diantres pueden estar tan delgadas si se empoman una Coca-Cola con dos paquetes de papas fritas. Pues en este caso me refiero a cuando las mujeres miran al sexo opuesto y que no es tan evidente como en los hombres.
![piropo_thumb[1]](http://despeinadaconfrizz.files.wordpress.com/2012/04/piropo_thumb1.jpg?w=300&h=230)
Si un hombre mira a una mujer no lo hace con “elegancia”, se nota, sí, se nota y mucho, aunque estén hablando con otra persona, sus ojos hacen un escaneo fatal que a veces me parece descarado, ¿acaso piensas que no me di cuenta que tus ojos empezaron en el norte, se pararon en la línea del Ecuador y siguieron hasta el sur non-stop? Lo cual es diferente en las mujeres, si bien nos volteamos a mirar cuando un hombre es lindo-guapo-pintoso-fachero-rico-hermoso, tiene un poco más de gracia y va acompañado con alguna risa o mueca, no ponemos una cara babosa de “vení mamita” o “mijita rica” que es tan desagradable.
Incluso el hecho de piropear tampoco es una práctica común en las mujeres y me parece correcto, tal vez si los
hombres escucharan gritarles: “te violoooooooo todoooooooo”, les daría un poco de miedo y saldrían corriendo si tal vez la que lo grita no es de su agrado.
Y volviendo al tema de mirar, decidí empezar a hacerlo más que antes y más focalizadamente. Yo también puedo mirar a un hombre que va delante de mí enfatizando mi mirada en una parte obvia, mirar sus manos, sus dientes, su pelo, sus ojos y que no me importe. Acoso visual podría ser, pero ¿ya no estamos bastante acosadas las mujeres cuando usamos un mínimo escote o una falda corta? Hay que igualar las cosas y bueno, por algo se debe empezar.

03 jul 2009
by Daniela Puig
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Etiquetas: colectivo, embarazada, espera, hijo, humor, mamá, mujer, odio, opinión, reflexión, sacasmo, supermercado
Sí. ¿Qué tiene? Tal vez no las odie tan fervorosamente como se puede odiar al brócoli, pero me molestan, me cargan. Siempre tienen que subir cuando está el colectivo megahiperultra lleno y tengo que darles el asiento, ¿por qué? porque soy joven, nada más que por eso, y porque los hombres han perdido la caballerosidad. Sé que estuve sentada entre 4 a 6 horas en la facultad, pero el que se sienta es mi cuerpo, no es mi cerebro y estoy cansada, ¡sí, c-a-n-s-a-d-a!, no tendré que realizar arduas tareas físicas, pero después de salir de clase, especialmente de las 4 horas seguidas de Literatura Alemana, apenas sé quien soy. Entonces, vienen con su enorme panza y su cara de “uy, levantate, ¿no ves que soy una mujer que está esperando un hijo?” , y uno tiene que ceder el asiento conquistado por su trasero, porque si no se hace, te quedan mirando mal. Además la técnica de cerrar los ojos, hacerse la dormida o mirar para otro lado, no me funciona, así que siempre termino, también por culpa de mi conciencia, cediéndole mi trono. Pero…¿por qué? Si tan cansadas están, si tanto arquean la espalda y su cara refleja la dulce-amarga espera, ¿para qué salen? Quédense en la casa, más ahora que está la gripe H1N1, ¡y no me jodan! Pero no es solamente en los transportes en donde me hinchan los ovarios, sino también en el supermercado. Justo cuando hay en este lugar una sobreabundancia de gente y de filas kilométricas, aparecen ellas. Y cuando es mi turno de poner las cosas que compré, se ponen adelante mío y con su cara de “estoy embarazada y esta es MI caja porque dice ‘futura mamá’”, tengo que dejarlas pasar con su carrito lleno hasta el infinito y un montón de cuentas que justo cuando están a punto de vencerse, se les ocurre pagar. Y no puedo dejar de comentarle a Matías que yo también soy futura mamá, porque todas las mujeres somos futuras madres, ahora que si eso se hace realidad o no, es la decisión de cada una. Así que desambigüen esa maldita frase. Entonces me enojo. Sí, me enojo, porque quiero salir del supermercado e irme a casa, pero ella, la de panza curva, la madre, la que tiene que parir, la que cría y todas esas frases cliché, me importan tres carajos. ¿Es que acaso les tengo que agradecer por estar embarazadas?, ¿por qué contribuyen a sobrepoblar el mundo que ya está a full?, ¿o es que acaso creen que su hijo va a ser lo más y vas descubrir la cura del sida o implantará una revolución que cambie a todo el mundo y logremos la igualdad?, ¡No!, si mi generación no ha hecho nada aún, porqué la de ellos sí, pues seguramente van a salir más alienados que los adolescentes de ahora y en sus cabezas van a tener chips en vez de neuronas. Además el mundo se va a acabar por todo el asunto climático, así que perfectamente podríamos considerar a estas mujeres como insensibles, ya que dejaran a sus hijos en un planeta hecho mierda y a su suerte. Por ello dejemos de verlas con ojitos tiernos y mirémoslas como las aprovechadas que son.
La siguiente opinión no representa en su totalidad el pensar ni el sentir de la autora. Solamente es una opinión sarcástica sobre nuestro género con algo de humor, pues ¿quién no ha pensado esto?